Puerta abierta

Cómo me reinventé como periodista

“No eres solo una periodista; ahora, tu experiencia va más allá: desarrollas y planeas estrategia de contenido”. Cuando mi supervisor me dijo esto, sonó como si las metas de mi carrera profesional quedaran por fin estampadas en mi tarjeta de presentación.

¿Es esa la definición que soñaba cuando me licencié como periodista hace casi 20 años?

Entonces lo quería probar todo. “Todo” quiere decir periódicos, radio y TV. “Medios audiovisuales” sonaba como música celestial, y estar en un departamento de noticias era imperativo para ostentar con orgullo el rótulo de periodista. Cuando alguien me sugirió: “Prueba la información especializada, es mejor que las noticias. Tendrás más campo para desarrollarte profesionalmente”, pensé: “Hereje”. Yo estaba preparada para convertirme en un miembro del Cuarto Poder y cambiar el mundo al estilo Watergate.

Después de una beca en la radio, trabajé en la redacción de un periódico en Barcelona y, cuando hicieron un despido masivo al término de un año, decidí irme a Alemania. Mi entonces marido, que se preocupaba más por pagar las facturas que por cambiar el mundo, envió un currículom por mí y me consiguió un trabajo a tiempo completo en una… revista de moda.

La verdad es que me gustó (pasarelas con asiento en primera fila en París, cava en un Rolls-Royce en Inglaterra, formar parte de un jurado para un salón de moda en Lisboa, Casino de Montecarlo… ¿a quién no le gusta eso? Ahí aprendí la lección que me llevó a mi siguiente trabajo: enfrentarme a esa plantilla donde había que organizar el contenido y la publicidad. Toda la revista en un solo plano con los cuadros que representan las páginas. Esos cuadros y todo el pensamiento que desencadenaban me enseñaron que mi carrera no tenía por qué culminar con dominar el arte de entrevistar y de narrar. Gestionar contenidos podía darme una visión más amplia del periodismo.

Unos años después llegué a California, donde la televisión local estaba atravesando buenos momentos. Por fin podía trabajar en una redacción de noticias otra vez. Empecé como redactora, pero tenía las miras puestas en los productores, los que concebían, estructuraban y ejecutaban el noticiero. De nuevo, la visión de todo el negocio.

Cuando surgió la oportunidad aprendí lo que era el ritmo del noticiero, el arte de promocionar una historia, de visualizar, desarrollar cobertura de equipo y controlar los nervios y el tiempo para que el directo no se viniera abajo. Cada mañana me encontraba con la plantilla en blanco y tenía que crear desde cero, y eso me hacía feliz. Y con esa felicidad, derribé a la competencia varias veces.

De la noche a la mañana, los inversores parecieron perder la fe en los medios, que tuvieron que echarse a un lado para el nuevo allegado. En un contexto de globalización no parecía haber ya espacio para lo local. Los periódicos habían sido los primeros en caer, y ahora le llegaba el turno a la tele. “Tenemos que reinventarnos”, anunció uno de los ejecutivos de mi compañía.

Tuve que moverme rápido por mis hijos. El más pequeño solo tenía dos años de edad y me acababa de separar de su padre. La información especializada me abrió la puerta una vez más.

Cuando les dije que había conseguido trabajo en una página de internet para bebés, mis amigos periodistas fruncieron el ceño. Pero a mi me pareció que era muy buen momento para prestar atención a ese otro nombre con el que me llamaban cuando cruzaba la puerta de mi casa: “Mamá”.

Estaba dispuesta a “digitalizarme”, pero no era fácil. El mundo digital se movía tan rápido que sentí los cimientos del periodismo tambalearse bajo mis pies. Me sentía indignada y no entendía. ¿Quiénes son todos esos “blogueros”? ¿Por qué hay crear contenido por sugerencia de robots? ¿Qué es todo eso de hashtag y acrónimos y SEO e “insights”?

A veces quería dejarlo todo e irme a vivir al bosque (algo que me ha tentado varias veces en mi vida: vivir de comida en conserva y ganado en una granja, disfrutando de mis hijos bajo las estrellas. Una vida simple).

Pero siempre había un nuevo proyecto que me llamaba la atención. La curiosidad pudo conmigo y decidí empezar un blog. Luego otro. Y otro. Empecé a tuitear, a pinear, a solicitar amistades, a experimentar la publicación social. Pasé de estar en negación constante a preguntarme qué oportunidades había en esos cambios para mí.

Y me reinventé una vez más. A lo mejor ser periodista ya no es suficiente. O quizá mi carrera no estaba destinada a ser puro periodismo. Fue una carrera de cinco años que incluía sociología, economía y política. Se llama Ciencias de la Información. Ciencias, en plural. ¿Ves la puerta abierta?

Read this post in English

Foto: seagers via photopin cc

Clarisse Céspedes

Periodista y encargada de estrategia de contenido, SEO, promociones y video para BabyCenter en Español.

2 thoughts on “Cómo me reinventé como periodista”

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *